Querer salir de la confusión es desear que todo termine y empiece de nuevo, es como frotarse los ojos porque no crees eso que ves. Porque no se puede comprender la injusticia y la desazón, la traición, la desilusión o el abandono. Tal vez existan maneras de salir de la vorágine de ideas que nos invaden todos los días para detenerse, observar, pensar, analizar y tal vez así podamos entender...
viernes, 16 de marzo de 2012
miércoles, 14 de marzo de 2012
Y si no lo escribo se va. Se escurre entre mis dedos, se pierde entre momentos sin sentido y los recuerdos se vuelven difusos. Escapa y ya no sé si es, si fue o lo inventé.
Entonces lo busco, lo pienso, lo siento entre mi piel pero no está. No lo encuentro y me pierdo.
Por eso lo escribo, para que se quede, para que exista.
Entonces lo busco, lo pienso, lo siento entre mi piel pero no está. No lo encuentro y me pierdo.
Por eso lo escribo, para que se quede, para que exista.
jueves, 8 de marzo de 2012
miércoles, 15 de febrero de 2012
Y ver el sol nacer entre la suavidad de tu piel y la rispidez de tus palabras.
Eso que de un momento a otro se convirtió en un juego apasionante, turbio y desmedido. Adictivo. Tibio. Necesario.
La razón anuncia un final siniestro pero la piel llama pidiendo tregua. Golpea como el teléfono que suena y arruina el momento. Pero no, imposible escuchar el alerta.
Eso que de un momento a otro se convirtió en un juego apasionante, turbio y desmedido. Adictivo. Tibio. Necesario.
La razón anuncia un final siniestro pero la piel llama pidiendo tregua. Golpea como el teléfono que suena y arruina el momento. Pero no, imposible escuchar el alerta.
lunes, 9 de enero de 2012
Luces que rebotan en un sin fin de desencuentros. El ruido opaca los sentidos, confunde y obnubila. Las miradas se pierden entre la nada y el vacío copa el terreno.
Era una de esas noches que no dejan huella, que se esconden entre los recuerdos lejanos, de tiempos mejores. Un estar y no estar, con la cabeza posada en algún lugar tibio y lleno de ternura. Con el cuerpo detenido, frío.
La sensación de nostalgia le sonaba familiar y la asustaba. El no querer estar allí, entre el barullo, las risas y la música. El querer ese otro lado, encerrada en un mundo paralelo, sin esa carencia de sentido.
Pero no, de nuevo el miedo y la incertidumbre salían, como el sol que amenazaba con levantar el velo protector de la noche. Ese no entender que lo desdibuja todo, que enrosca y confunde. Esa angustia, esa ansiedad latente, ahí, siempre.
domingo, 11 de diciembre de 2011
Desvaríos censurados
Dicotomías perfectas que surgen entre la nada invadiendo la escena. De pronto aparecen frente a mí tapándolo todo y el mundo se convierte en un lugar difuso, no queda más que perderse en el camino incierto que ellos proponen.
La suavidad y la aspereza. La torpeza perfecta que choca sin permitir pensar. Y me pierdo. Y no hay tiempo, no hay frío, no hay noche, no hay día, no hay medias tintas ni preguntas sin respuesta, sólo están ellos que me tientan y obnubilan.
El tiempo, tirano como siempre, confunde y arruina la frescura de un momento que no corre, que no merece terminar y ahí sí que suelto el timón, me dejo fluir.
Me revuelco y me entrego ante ellas que, perfectas, me hacen olvidar que existe un afuera, donde el sol ya salió y arremete lleno de responsabilidades intransferibles, inevitables.
La razón dice:“ACÁ, YO, NO ME FUI” y recuerdo lo inconcluso, ilegible, complejo e inentendible. Pero sigo, sin mirar, olfateando el camino hasta no sé dónde. Corriendo sin destino, sin pensar ni esperar.
Hasta que "PFFFF", de un momento a otro, se va, como si nada y yo aprovecho para escapar, de todo. Gana la tranquilidad pero: “BAAANG”, el deseo se fuga por detrás de las vallas, las represiones y los “SHHH”.
Huyo, no puedo ceder. No hay resignaciones posibles ni guardias bajas. Es una lucha de poderes, una pelea compleja que siempre gana la cabeza (o no, pero hay que hacerle creer que si, para que respire).Y de pronto: “PUUUM”. Otra vez me cruzo con las líneas perfectas que me embelesan y me hacen perder el eje. Y no puedo, no puedo decir no al frenesí que genera en mi piel la vorágine de sensaciones que fluyen cuando el choque de fuerzas se genera.
Es una batalla que nunca termina, un ir y venir constante: una vez saciado el instinto y aplacado el deseo se conforma a la bestia que, más tarde, despertará ofendida y pedirá más. Un anhelo imposible de soslayar.
Y las marcas, ay, las marcas, surgen como una prueba de la energía desbordada que se burla de la censura, que escapa y desfigura las formas y los deberes.
¿Que hasta cuándo? No sé, y no importa, algo tan perfecto y delicioso no puede responder al traidor esquema del tiempo. Se perdería en su esencia, se desdibujaría su forma ideal.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Enjaulada...
Tal vez fue el sol, el viento que pegaba en la cara, no sé. El pasto tenía un color particular que invitaba a tirarse, revolcarse, mancharse y desparramarse perdiendo por completo la compostura.
Me invadía una necesidad incontrolable de andar descalza.
De tirar las zapatillas y ennegrecerme las patas con lo que sea. De sentir el frío en los pies, que el pasto pinchara los dedos o se metiera entre la piel.
Tirar la mochila y treparme a un árbol. Subir hasta lo alto y no saber cómo bajar. Espiar desde arriba.
Jugar.
Correr detrás de una pelota, romper algo con inocencia, que no importe si me miran bailar o cantar con la cara deforme.
Abrir la reja y salir sin pudor, revoleando o arrastrando los pies.
Deformar la estructura hasta hacerla desaparecer. Hacerla mierda, darla vuelta, de arriba para abajo, de izquierda a derecha. Romperla del todo y no pelear más.
Jugar. Correr. Salir. Escapar. Llorar. Reír a carcajadas. Romper. Golpear. Destrozar. Acariciar. Besar. Todo quería.
Impedir ese impulso fue enjaular una parte de mí.
Fue verme encerrada entre barrotes que limitan el hacer, agarrada entre las hendijas mirando no sé qué.
El aire pasaba igual entre las rejas dando la ilusión de libertad, pero no. Mentía, mentía porque encerraba igual. La asfixia se sintió y la mirada se posó incesante en vaya a saber qué, pero simulaba el edén.
Una cosa o la otra. Este camino o aquel. La tiranía de los esquemas o la incertidumbre de las letras.
Es que no jugar se pareció a la novela que nunca empezó. Al cuento que nunca se narró. A la canción que nunca se cantó y a la fotó que nunca se sacó.
Fue lo mismo.
Matar una parte que pedía salir, meterla en la jaula, otra vez.
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